sábado, 8 de septiembre de 2012

¡Cuánto quilombo hay ahora para viajar! ¡Cuanta intromisión!

Recuerdo cuando viajaba en 1986, hasta el 2001, todo era tan simple como elegir el destino, comprar los dólares al arbolito y subirse al avión, buscar el asiento y cigarrillo en mano, disfrutar del despegue y empezar a disfrutar el turismo, todo ello con la cabeza absolutamente despreocupada.

Los tiempos han cambiado, y ahora, el Poder se mete en nuestras vidas y si es necesario, hasta en nuestras intimidades más íntimas. Hasta en nuestras cavidades físicas.

Vas al aeropuerto, 3 horas antes. Conseguir carrito, despachar las valijas, ver como las maltratan, migraciones.
En migraciones la camarita no detecta los datos biométricos de tu rostro, y te miran con cara de "el pasaporte es falso", hasta que por ahí, se le dá por agarrar a la camarita.
Declarar el celular, la cámara, la notebook, todo con marca y número de serie.
Los líquidos en la bolsita Ziploc, que te tiren la mitad de los líquidos y ni hablar del aerosol que se te quedó en la cartera. Que te palpen, te toqueteen, te sometan a rayos que no se sabe bien qué efectos secundarios tendrán, y un revuelo de la gran flauta porque suena y suena el arco detector de metales y no aparece el motivo. Cuando ya te apretaron hasta el apéndice, y te tocaron hasta el último centímetro de tu cuerpo, mientras insistís que no sos peligroso y tenés 2 guardias armados al lado mirandote feo, aparece la perra moneda que se quedó en el bolsillito chico del jean. O terminás de convencerlos que no te sigan apretando los pechos porque el ruido lo hacen los aros del soutien, y al paso que van, vas a empezar a lactar.
1 hora de preembarque (de dorapa porque los asientos nunca alcanzan),  y luego entrar (obvio a la derecha, que a la izquierda no dobla nadie porque no quieren pagar 1ra. clase).
Luego hacer la cola hasta que puedas llegar a tu asiento, pelear por un lugar en los buches superiores y sentarte en un asiento más bien tamaño niño que tamaño adulto. Pero a no rendirse, te esperan unas 9? 13? horas por delante en ese exiguo lugar. Pero para exiguo tenemos los baños, exiguos y sucios siempre. Intentan compensarlo dándote comida, que tiene gusto a nada, y que comés con los bracitos pegados al cuerpo porque no hay lugar.
A las 4 horas del vuelo, te sacás los zapatos porque los pies están hinchados, pero bueno, viajar implica esas cosas.
Ups! te despertaste luego de haber dormido todo arrollado y torcido, y estás llegando. Aterriza el vuelo, y otra vez la cola para salir, sacar las cosas del buche y buscar los zapatos perdidos. En los 20 minutos mínimo que te demanda bajar del vuelo, mirar con envidia a los que vinieron en 1ra. en cómodos asientos.
Y a la cinta de las valijas!!! si señor, a la cinta y de 2 valijas aparece una, y de la otra, ni rastro. Y da vueltas y vueltas, pero no aparece. Al final aparece, encintada con cinta de la aerolínea, y el cierre hecho moco. Bueno, ahora ya podemos ir a la aduana.
Otra vez el circo de los líquidos, los papeles, la camarita biométrica, el arquito detector de metales, pero ahora incluiremos la exhibición desenfadada de nuestros calzones, de nuestras miserias que viajan dentro de la valija, con más la colocación en los cestitos plásticos de las cosas que deben pasar por el visor de rayos, y otra vez el manoseo y toqueteo.

Acá ya se suma el interrogatorio -en otro idioma, que uno a veces maneja bien y a veces, no- de ¿a qué viene? ¿cuánto se va a quedar? ¿dónde se va a quedar, me lo demuestra?¿me muestra el billete de regreso? ¿me muestra el dinero que tiene? ¿me muestra el seguro de salud? ¿me muestra el resumen bancario? ¿me muestra elas tarjetas de crédito? ¿qué gusto tiene la sal?

Nadie se queja, y todo el mundo como ovejitas obedientes, hace todo, responde a todo, pone el cuerpito, hace lo que le dicen y calladitos la boca. Nadie acusa a ese país de ser Cuba ni Venezuela, ni de que se metan en su vida privada al pedirle el resúmen bancario, ni al preguntarle qué remedios toma y qué es eso que hay en ese frasco, no señor, nadie dice NADA. Es de locos, pero te tiran algo a la basura, y nadie dice NADA.
Nadie dice nada si te revuelven la valija y te la dejan hecha un moco. Parece que no es vivido como una intromisión a la privacía de las personas. Te palpan hasta las bolas pero eso no es meterse en tu vida.

Nadie pregunta por la utilidad o no de esas medidas, si efectivamente han disminuído los ataques terroristas y si tiene sentido toda la intromisión, el interrogatorio, las reglas absurdas (¿por qué 100 ml y no 110 ml de líquido?)

Nadie cuestiona que el scanner que te pasan por el cuerpo puede producir cáncer.
Nadie cuestiona los impuestos de aeropuertos, altísimos.

En síntesis, nadie se queja ni cuestiona el MALTRATO, la INTROMISIÓN en la vida privada de las personas, EL MANOSEO FÍSICO, la EXPOSICIÓN DE LAS INTIMIDADES, el cuestionamiento POR LOS REMEDIOS QUE UNO PORTA, la archichusma pregunta DONDE VA A ALOJARSE, la realmente desconcertante EXHIBICION DEL DINERO QUE UNO LLEVA, y la demostración de la COBERTURA MEDICA que posee.
Los privilegios de formar parte de las personas más afortunadas del planeta dan derecho a ese maltrato.
Eso sí, si acá toman medidas como averiguar de dónde sacaste el dinero para viajar, es INACEPTABLE.
Si pretenden que al ingresar pagues impuestos por los gastos que exceden los ya generosos 300 dólares por persona y 1200 dólares por grupo familiar, SELACABOSE.
Si les quieren cobrar un 15% por lo que gasten en el exterior A CUENTA de lo que tendrán que pagar, LA YEGUA NO TIENE LIMITES.

No cacerolan en el aeropuerto JFK, ni en Barajas, ni en Fiumicino, ni en el Charles de Gaulle, ni en el Joao Jobim.
No, cacerolean el 13 de septiembre en un lugar donde hay instalada una cámara de TN.

Pues entonces parece que los actos de molestia sólo dependen de quién los ejercite, a qué gobierno se les ocurra dictarlos, quién es el gobernante de ese país, y en ese caso ESE ES UN PAÍS SERIO QUE TOMA MEDIDAS SERIAS. Yo no opino así, pero evidentemente la mayoría sí porque no he visto a un solo argentino quejarse en el extranjero de ese tipo de cosas. La única loca que se quejó -ya harta de que me hubieran apretado hasta el último centímetro de mi cuerpo sabiendo que era el aro del soutien lo que hacía chillar al fucking arco-, fui yo.

Si el vejámen es efectuado por las autoridades de Brasil, EEUU, España, Francia, Inglaterra, Italia, Alemania, TUDO BEM!
Parece que, en el fondo, las molestias insoportables no es lo que jode. Lo que jode, son las razones y quién las mande a llevar a cabo. París bien vale una misa, dice el refrán, y también valen todos los vejámenes previamente descriptos.

Pagaría plata por ver a un turista argentino, UNO SOLO, quejándose en un aeropuerto internacional por la intromisión a su vida privada como se quejan acá. Ni hablar de que hagan un cacerolazo, me hago Hare Krishna si lo hacen.

Inspirado y detonado por este artículo que me acercó una user amiga: Molestias Virtuosas

5 comentarios:

Gustavo Atilio Rui dijo...

Bienvenida a la blogósfera, se la extrañaba ¿Donde andaba que nos tenía abandonados? Su ausencia provocó hasta angustia existencial en algunos blogueros, que decían: "No somos nada, hoy posteamos , mañana nadie sabe donde andamos."
Un abrazo y espero que siga posteando seguido.

Daniel dijo...

Es así como dice Atilio, Almita. No te vayas tanto que te extrañamos!

Almita dijo...

Yo también los extraño, pero los leo. Hay épocas donde lo mejor es retirarse al bosque al lamerse las heridas... y otras donde compartir alegra el espíritu.
Abrazo a todos, siempre presentes!

Antonio (el Mayolero) dijo...

¡Vamos Almita!!!

Javier dijo...

Todos somos terroristas segun las nuevas doctrinas imperiales , segun esas mismas doctrinas no merecemos siquiera vivir ya que vamos a destruir en pocas decadas el planeta para que la civilizacion por fin se termine

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